Iba para Ferrari y me estrellé como Seat Panda

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Esta semana me ha dado el alta mi psicólogo por segunda vez pero en cambio, es la primera que no siento miedo a hablar y, por eso, creo que ha llegado el momento de echar de mi vida esos fantasmas que acabaron con quién era.

Este post es como la aspiradora que tenían los cazafantasmas en la película de los 80. Un exorcismo, un basta ya o, como cantaba Bebe en la sintonía de cabecera de Aida un “ya era hora, ahora me toca mi”.

En mi primer día como universitaria un catedrático de economía dijo que nosotros éramos Ferraris. Nunca pude imaginar que iba a pasar de ser un Ferrari a ser un simple Seat panda destrozado. Todo empieza cuando comienzo a trabajar…

Durante los casi 6 años que duró, me fui convirtiendo en una personita cada vez más pequeña y más insegura. No se trataba de la presión por unos resultados, se trataba de vivir cada día un ambiente tóxico comandado por un señor sin escrúpulos, con delirios de grandeza y mucha maldad. Se trataba de mobbing.

Fueron años de mentiras, de promesas de una carrera laboral que él mismo boicoteaba o que, directamente, nunca existió; de cargarme con más de 1000 expedientes mientras que algunos compañeros sólo tenían 300; de darme trabajo extra que le correspondía a él pero que nunca hacía porque se pasaba los días hablando por teléfono; de reuniones y comidas individuales con los miembros del departamento en las que su única misión era hablarnos mal del resto y sacarnos posible información para usar en nuestra contra,…

Durante ese tiempo, lo ví insultar a varias compañeras diciéndoles que eran “putas administrativas” y que nadie les pagaba para pensar. También lo ví agobiar a una compañera, sindicalista, hasta que tuvo que darse la baja por depresión tras tacharla de vaga y de loca. Evidentemente siempre lo negaba, las putas administrativas eran puras administrativas y “la majara” no lo era por una de sus charlas a gritos y sin razones. Según decía, él nunca hacía nada y no entendía el afán de los demás por dañarlo.

Nos pedía que echáramos horas extra, que no se cobraban, porque para promocionar estaban muy bien vistas. Un año llegué a regalar 43 horas extraordinarias sin obtener ascensos ni mejoras laborales, nunca iba nada a mejor.

Me llamaba o mandaba mensajes a cualquier hora, incluyendo los fines de semana. Era imposible librarse de hablar con él porque insistía e insistía hasta que le cogías el teléfono. Espiaba todos los correos electrónicos de la cuenta del trabajo para saber cualquier cosa del departamento. Sin duda las comunicaciones eran uno de sus escenarios favoritos, llegué a descubrirle más de dos perfiles en Twitter con los que espiaba mis movimientos además de usar las publicaciones de Facebook sobre mi vida personal sin venir a cuento en cualquier conversación.

Evidentemente el machaque iba siempre dirigido a las mujeres del departamento. Nos negaba las vacaciones que queríamos y provocaba un caos que achacaba a las que eran madres por su poca solidaridad mientras que los hombres iban y venían sin impedimentos, siempre a salvo mientras que a nosotras nos atacaba sin piedad. Lo más normal que oí fue que los problemas del departamento, esos que él se inventaba, eran porque nosotras no sabíamos convivir. Él negaba a boca llena su misoginia porque todas las incorporaciones que iba haciendo eran mujeres.

A medida que el tiempo fue pasando todo fue a peor. Durante conversaciones de apariencia inocente comentaba que tuviéramos cuidado con arreglarnos tanto porque podía  insinuarse en la compañía que le estábamos tirando los tejos al jefe. A mí, que siempre me han gustado los tacones, me decía que le encantaban las mujeres con tacones altos tanto en el ámbito profesional como personal. Dejé de llevarlos. Otro día me insinuó que yo tenía algún tipo de relación íntima con el director de una de nuestras proveedoras de servicios porque cada vez que hablaba de mi trabajo ponía una sonrisilla…

Y todo esto a la vez que acosaba sexualmente de forma descarada a una de mis compañeras con envío de flores y pedida de citas incluido. Situaciones que todos vimos pero que nunca llegaron a conocimiento de Recursos Humanos…ella obtuvo un ascenso y luego el castigo por no aceptar mientras el resto guardamos silencio sabiendo que ese podía haber sido su final pero que, sin la propia perjudicada, no había nada que hacer.

Decenas de veces entré en su despacho para decirle que mi situación era insostenible, que no podía con mi carga de trabajo ni con todo lo que se vivía en el departamento. Le lloré mientras me repetía que las culpables eran mis compañeras que me tenían envidia mientras que él era mi salvador, el único en quién podía confiar. Llegó a usar a mis padres como chantaje y a acusar a mi novio de no querer que me fuera bien.

Todo esto fue degenerando en problemas de salud. Unos relacionados con mis problemas de tiroides y otras hormonas y otros a nivel psicológico. Empecé a tener ataques de ansiedad, cambios graves de humor, caídas de pelo, problemas con la menstruación, se agravó mi migraña y, al final, mi médico de cabecera no tuvo más remedio que recetarme un magnífico combinado de antidepresivos y ansiolíticos: fluoxetina y lorazepan, creo que jamás olvidaré estos nombres.

Mis relaciones sociales también fueron empeorando porque cada vez quería salir menos y cuando lo hacía, era fingiendo. Me convertí en una experta en sonrisas falsas y no quería que nadie me preguntara por el trabajo porque no podía expresar lo que estaba pasando.

Pero todo fue a peor a raíz de un accidente por el que tuve que estar de baja casi tres meses. A mi vuelta su actitud conmigo había cambiado completamente, si antes utilizaba sus artimañas para engatusarme y que le hiciera todo el trabajo que él no quería hacer, ahora ya no le servía y se había propuesto acabar conmigo…hasta que lo consiguió dos años después.

Me cambió de tareas mil y una vez. La última hasta me cambió planta, alejándome del departamento para que cada vez estuviera más sola. Me asignaba nuevas tareas que era imposible compaginar con las que ya tenía pero que, mal que bien, intentaba sacar adelante. Esperé a que alguien se diera cuenta de lo que pasaba mientras que, cada vez que él me llamaba a su despacho, subía las escaleras con una pastilla debajo de la lengua.

Meses antes de mi despido tuve que darme de baja por depresión. Fue menos de un mes, me casaba en poco tiempo y no podía permitirme quedarme en casa sin preparar nada y tampoco podía hacerlo porque sabía que él me espiaba. Pero la enfermedad se quedó conmigo mucho tiempo.

Aunque siempre he sido una persona discreta, hizo que sintiera que quería ser invisible. Incluso el día de mi boda, ¿cómo pasa desapercibida una novia? A la semana de volver de mi viaje de novios me echaron. Baja productividad y contagiar el desánimo a los compañeros, fue reconocido como improcedente en el CMAC.

Nunca pude denunciarlo en la compañía. Inocentemente borré cientos de correos electrónicos y mensajes que podrían haber apoyado mi versión. Además sabía que nadie en mi departamento iba a testificar a mi favor. Tampoco tuve el valor aunque sabía que dos informes de dos profesionales de la salud diferentes, apoyaban mi versión.

El día que me echaron dejé de tomar pastillas para los nervios pero, realmente, nunca he vuelto a ser quién era.

A raíz de todo aquello he seguido con ataques de ansiedad, culpabilidad y llorando a cada momento. He sentido ganas de acabar con todo y desaparecer…A día de hoy, me siguen dando ataques de agorafobia, golpes de tristeza en los que sólo quiero estar acostada y que pasen los días y tengo ansiedad cuando tengo que enfrentarme a situaciones complicadas.

Justo al salir de la consulta, que curiosamente está frente al que fue mi trabajo, me encontré a uno de mis ex compañeros y, por primera vez, me atreví a pararme y charlar con él. Le pregunté cómo iba todo y me comentó que peor que antes, que en su locura se atribuye como logro personal haberme echado del trabajo y haber acabado conmigo, que sigue maltratando a todos los que están bajo su responsabilidad pero que la compañía empieza a sospechar y quieren saber más. En más de tres años nunca había querido saber nada de aquello, así algo va realmente bien en mi y, por eso, me he atrevido a contar esta parrafada (ojalá no os haya aburrido) y cerrar este doloroso capítulo de la mejor forma, contándolo entero por primera vez.

No puedo decir que fuera la mejor trabajadora, cometí errores como todos y, por otro lado, reconozco que aprendí mucho a nivel profesional y que el trabajo me gustaba.

Aunque me hubiera equivocado un millón de veces, no era motivo suficiente para vivir lo que viví, nadie se merece nada así.

(No, no he contado todo, habría dado para un libro entero y no quería esperar más).

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8 Comentarios

  1. Joder, ese tío era un monstruo. Por mucho que te duela o deje descolocada, lo mejor era salir de allí. Ahora estás para empezar de nuevo y estoy seguro que encontrarás malos jefes, pero tan malos como ese es difícil; así que en tu caso el cambio es para mejor aunque tengas que volver a ilusionarte y a luchar por conseguir un futuro laboral mejor. Ánimo.

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    1. Gracias por tu comentario, Vicente. Efectivamente malos jefes hay y habrá pero este nivel de maldad es difícilmente superable. Ha sido un camino duro pero, efectivamente, tengo fuerzas para empezar de nuevo.

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  2. Es verdad que lo mejor es huir lo más lejos posible de un trabajo como ese, pero no siempre es fácil.
    Yo también estuvo cuatro años aguantando en un trabajo de mierda, con un jefe de mierda, sin ilusiones ni perspectivas de mejoras por miedo a estar en el paro, a sentirme fracasado, etc. Con el tiempo uno lo ve todo más claro.
    ¿Cómo pude aguantar todo lo que aguanté? ¿Quién no se lo ha preguntado alguna vez? Pero lo importante es superarlo y seguir adelante, así que mucho ánimo.

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    1. Gracias, Daniel. Es muy duro y aguantamos porque las cosas están como están pero cuando lo que está en juego es la salud, el despido es la mejor medicina. Un saludo.

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  3. No sabia nada, pero tu despido es lo mejor que te pudo pasar! Ahora que tienes las pilas cargadas… a por todas que puedes con todo Y lo sabes!!!😘😘😘😘

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