Cruce de Caminos X: Poliamor

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Me la crucé cerca de mi centro de salud. Arregladísima, monísima y hablando por su móvil distraidísima. Hablaba con una amiga, gesticulando y subiendo el volumen más de lo recomendable. Debía ser una de esas amigas peligrosas, de las que conocen todos tus secretos y que, cuando los caminos de la vida se vuelven tortuosos, podrán venderte por menos de nada.

Se cruzó conmigo justo cuando empezaba a hablar de “su otro novio”. Levanté la cabeza todo lo que mi dolor de riñón me dejaba. Dicen que el cólico nefrítico duele como un parto y, si es así, yo soy madre de tres hermosas piedras. Continuó especificandole a su amiga que “bueno, ese que tampoco es novio, ni no novio”…

Estuve tentada de irme para ella y emulando a José Luis Cossio decirle “¡¡¡¡¡¡ACLÁRATE JUAAAAAN!!!!!. Pero iba tan decidida a que me pincharan que la dejé ir mientras seguía contándole aquella historia para no dormir a su amiga.

El resto de la calle lo pasé haciendo encajes de bolillos sobre la situación sentimental de la susodicha. Me la imaginaba de las que en Facebook ponen “COMPLICADO”. Porque claro, tener varios “no novios” debe ser cualquier cosa menos sencillo. Ya me imagino la logística de quedar con uno y otro en una ciudad como Sevilla en la que todos se conocen y todos van a los mismos sitios.

Me recordó a los niños de guarderías cuando los mayores les preguntamos si tienen novios/as y te contestan tan tranquilos que sí, que cinco. O la terrible edad del pavo cuando te gustaban 5 niños: uno por rubio, otro por alto, otro porque juega al fútbol, otro en el pueblo y, como no, otro por malote. Con esas edades es fácil. Pero no, esta pobre muchacha se arrimaba más a los 30 y tenía dos problemas, uno amoroso y otro semántico.

Semántico porque llamaba novio a todo. Quizás hubiera sido más cómodo hablar de “amigos y residentes” como hacían en el 1, 2, 3 así le hubiera resultado más fácil. Y amoroso porque si la cabeza es una montaña rusa cuando una se enamora, cuando hay más de una incógnita en la ecuación…Y por sus palabras no parecía que el poliamor fuera con ella…más bien seguía buscando su príncipe azul mientras seguía besando ranas.

Siguió hablando mientras en mi cabeza Machín tocaba sus maracas y me preguntaba “cómo se pueden querer, dos mujeres a la vez, y no estar loco”.

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