Cruce de caminos IX: La guía

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Rondaría los 60 y muchos, era canoso con la típica cara colorada y con las no menos típicas sandalias con calcetines de deporte blanco. Me lo encontré por la mañana temprano, a una hora en la que los monumentos aún se desperezaban ante la más que previsible avalancha humana que trae el estío.

Una de las cosas que nunca entenderé de hacer turismo es que nos empeñemos en visitar zonas en las que el calor del verano es infernal. Cuando se está en edad laboral, la osadía puede entenderse pero, cuando uno ya no tiene más que hacer que vivir, ¿por qué no elegir la época en las que las ciudades lucen en su mayor esplendor? A Sevilla, desde Octubre a Mayo…más allá es hasta peligroso.

Estaba con su mapa y le daba vueltas sin comprenderlo. Me recordó a mi. Cuando uso un mapa tengo la manía (o quizás la falta de entendimiento) de ponerlo en dirección al sentido que voy andando por lo que, la mayoría de las veces, lo llevo del revés (qué le vamos a hacer, Dios no me dio el don de la ubicación).

Me acerqué con paso rápido y me sonrió. Se notaba demasiado que andaba perdido y que necesitaba mi ayuda. Aún no me había quitado los auriculares cuando preguntaba insistentemente por un lugar que aparecía en el plano con un gran lago y mucha vegetación. Era curiosa aquella descripción gráfica cuando estábamos en pleno parque de María Luisa. Dudé. Mucho. Mi relación de amor-odio con los mapas me hacía no entender que era ese parque dentro del parque cuando, además, estaba bien reflejada la Plaza de España, la Glorieta de los Patos y la Plaza de América.

Quizás el mapa lo hizo alguien que tenía la misma relación con ellos que yo.

Con mi inglés desorientado por las horas y por la falta de entendimiento con el mapa, le indiqué como llegar a la fuente de los Leones. Ojalá fuera aquel sitio el que quería visitar. Lo dejé que retomara su camino mientras repetía “thak you” y gracias indistintamente.

Al día siguiente necesité que me guiaran pero opté por algo mucho más novedoso. Google Maps me hizo dar vueltas por un pueblo mientras el sol de julio hacía de las suyas. Me acordé del turista, quizás no lo guié bien (igual que hizo Google conmigo) pero, seguro, que fui una guía más amable que la que me decía “a veinte metros gire levemente a la derecha”.

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