Exaltación 2011

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LA PASION SEGÚN SEVILLA

EXALTACION 2011

Por aquellos días, Jesús deambuló por sinuosas callejas de pasado árabe y judío para que el diablo lo pusiera a prueba. Ayunó durante los cuarenta días de una Cuaresma de recogimiento y, al final, sintió hambre. El tentador entonces, se acercó a Él y le dijo:

“Si eres Hijo de Dios, convierte piedras en pan”

Y Jesús, con calma, con serenidad, con firmeza respondió “no sólo de pan vive el hombre”.

Después, guiándolo por la ciudad mágica, subiéndolo al alero del templo, junto a la Turris Fortisima, le dijo “si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dará órdenes a sus ángeles para que te lleven en brazos de modo que tu pie no tropiece en piedra alguna”, pero también estaba escrito que no se tentaría a Dios.

Y por última vez quiso tentarlo el diablo mostrándole los reinos del mundo pero Jesús por tercera vez lo rechazó y el diablo se alejó de Él dejándolo de nuevo solo, al amparo de una ciudad que lo espera, de una ciudad que lo envuelve con su dulce aura mariana y que dará cobijo a su Gracia, que lo guiará por adoquinadas calles hacia un Calvario de sueño, hacia una Resurrección de murallas.

Faltaban dos días para la Pascua, y Jesús mandó a dos de sus discípulos a por un borriquillo que por la Cuesta del Rosario se encontraba. Y aquel día donde por los Terceros celebrarían la Cena Pascual, al enterarse la muchedumbre de su llegada, lo acompañaron desde una rampa que, por la Plaza del Salvador, se engalanó de palmas y olivos bajo un radiante sol de primavera que se rendía entre gritos de ¡Hosanna, hosanna! mientras que un pequeño Zaqueo se asomaba sobre una palmera para poder ver a Jesús en su triunfal entrada.

Preparada la cena, sabiendo ya de la traición de Judas, se ciñó una toalla y lavó los pies a sus discípulos, aquellos que salieran de manos de Ortega Bru. Y entonces tomó Pan, y partiéndolo lo compartió con ellos como haría después con un cáliz de vino que muestra al cielo en el atardecer primaveral de una Sevilla judía que celebra en la pascua la salida de Egipto.

Habiendo cenado, cruzó al otro lado del Cedrón retirándose a orar a un huerto que por el Monte Sión de la calle Feria se encontraba, esperando el momento en que estaría Cautivo y Abandonado por sus discípulos. Y, bajo el Rocío de la noche, sintió ruidos extraños:

“¿A quién buscáis?”

“A Jesús, el Nazareno”

“Yo soy”

Un cruel beso se posa en su mejilla, símbolo con el que Judas muestra por la calle Santiago que deben prender a ese que por Orfila se hace patrón de los Panaderos.Y Jesús, manos atadas, es conducido ante Anás a su palacio, donde Pedro lo niega tres veces en Omnium Sanctorum mientras el gallo anuncia la próxima llegada del alba. Interrogado por el sumo sacerdote, un siervo venga la insolencia de Jesús con una Bofetá que por San Lorenzo se hace dolor de una mujer de Dulce Nombre.

Despreciado por Herodes en San Juan de la Palma e interrogado por Caifás en el trianero barrio del Tardón, Jesús es llevado ante Pilatos al pretorio donde, por la Calzada, es presentado a un pueblo que salva a Barrabás y le condena irremediablemente.

Y Pilatos manda a sus soldados a que lo azoten en el patio de la cigarrera fábrica de Los Remedios. Jesús sufre las burlas de los romanos por el antiguo Compás de la Laguna lo Despojan de sus vestiduras coronándolo de espinas por el universitario templo de la calle Laraña. “Crucifícalo, crucifícalo” Y Pilatos, lavándose las manos y sin escuchar las suplicas delirantes de Claudia Prócula, dicta una Sentencia que por la Resolana visten a María de Esperanza. Y cumplido lo escrito, en el Porvenir cargan a Jesús con un madero que lleva con resignación bajo la verde floresta del parque donde paseara la infanta María Luisa.

El camino se hace duro y Jesús cae por San Isidoro y en la calle Pureza su Tercera Caída se hace patrona de un pueblo marinero. Simón de Cirene es obligado a cargar con la cruz por donde San Roque sueña con capas blancas de sueños Negritos. Un hombre camina hacia el Calvario, su Gran Poder se refleja en la Humildad y Paciencia ante su Pasión. Y en el Gólgota de San Jacinto, Jesús con Pena espera el momento de la crucifixión que por Santa Catalina lo alza tirado por Caballos. Jesús fue crucificado junto con dos ladrones y por Montserrat se rinde a su poder Dimas, pidiendo Clemencia a un hombre que con gallardía torera, reparte Salud por San Bernardo.

Un romano por San Martín clava su lanza en el costado de Jesús mientas que para ser Consolación de su Sed por Nervión le acercan una esponja con vinagre a sus divinos labios.

Eran las tres de la tarde cuando el cielo se tiñó de negro y un gitano de la cava con ojos expirantes grita desesperado ante la muerte.

“Eloí, Eloí, lemá sabaktaní”

Y con su Buena Muerte, se rasgó el velo en el templo.

Por la Magdalena, Jesús es descendido de la Cruz y en Santa Isabel, los Dolores de María se transforman en Piedad al acoger una mujer a su hijo inerte entre sus brazos al arrullo de la calle Bustos Tabera entre dieciocho ciriales luminosos que guiarán los pasos hacia su Santo Entierro. Trasladado al Sepulcro en San Andrés de su sangre nacen las flores mientras María, en su Soledad, cierra las puertas de San Lorenzo en el primaveral crepúsculo de una semana que termina.

Campanas de Gloria en la Giralda, clarines de júbilo en el maestrante coso, Aurora de la mañana triunfal de Sevilla que en San Luis se ha cumplido lo escrito. Un sepulcro vacío, sus vendas de Mortaja y un cuerpo que no se encuentra…un hombre que se hizo Dios, un Dios que se hizo hombre, una ciudad que se hizo Judea y una Judea que de andaluza gloria se vistió en Sevilla.

Alegráte madre guapa, llena de Mercedes Sevilla, exhala tu Paz y Victoria que ya no hay razón para tu pena. Vístete de blanca gracia, que los Ángeles te acompañan, que tu hijo no está muerto, que todo fue una falacia. Enjuga en pañuelos tus Lágrimas, recuerda tu Encarnación sin mancha, Dios Resucitó en Sevilla y la Alegría te aguarda. Ya se cumplió el Misterio, ya la muerte está callada, hay revuelo de novicias que tu Amargura ya guardan. No hay llanto en tu mirada, sólo sonrisa y fe clara. Jesús se hizo Dios en Sevilla en otra nueva Semana Santa.

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